El día que entré por primera vez a mi casa conocí a Lidia. Me preguntó si me iba a quedar a vivir ahí. Le dije que sí, que pensaba mudarme en unos días, que ya tenía las llaves. Tené cuidado con la gorda, me dijo mientras cerraba la puerta con sus dedos largos y finos. Esa gorda te chorea.